Clase 3: Modelos
Durante el ejercicio me costó sentirme identificada con el personaje que habíamos creado. Para empezar, con “Agustina” ni siquiera compartíamos carrera, entonces había un montón de cosas de ese mundo que yo desconocía. Cosas que se usan, materias, estereotipos. Pero una vez que la idea de este personaje se iba cerrando y una vez que hicimos la puesta en común con el resto de los grupos, me di cuenta que no somos tan distintos. No somos para nada distintos los que habitamos la Fadu. Es más, nos parecemos, en algunos aspectos, demasiado para mi gusto. Fue chocante descubrir que lo que uno considera, tal vez, rasgos super únicos e importantes de su personalidad, son compartidos con muchos, demasiamos, extraños. Fue en este momento en el que empecé a poner en duda todo lo que traía en mí como "seguro" y "conocido".
Descubrir
de repente que todo eso que nos forma y nos hace ser como somos es modélico y
preconcebido es, cuanto menos, impactante. Lo que somos y lo que vemos a diario
forma parte de una rueda invisible gigante que va moldeando y construyendo a su
antojo. En cuanto al personaje que creamos, es modélica su forma de vestir,
busca a veces encajar en el estereotipo de estudiante de arquitectura. También es
modélica su forma de pensar, que fue deconstruyéndose y adaptándose a lo que la
rodea en la facultad. Y puede ser que a mí me pase un poco lo mismo. A medida que creamos este personaje me costó
sentirme identificada en la actividad, porque, así como descubrimos que hay
muchas cosas que tenemos en común con el resto, Agustina empezó a ser una
persona común y una más del montón. Y a nadie (creo) le gusta sentirse así. De ella
tomo como míos el miedo. El miedo al fracaso, a la humillación, la exigencia
constante cuando sé, incluso, que hasta ahí puedo y que eso no está mal. Nos
moldean al gusto de una sociedad que se exige demasiado, a uno mismo y al resto
de los mortales.
A
Agustina le diría que se relaje. Que busque lo que realmente le gusta y le
interesa, que eso solamente puede encontrarlo ella misma. Que intente salirse (al
menos de vez en cuando, no necesariamente siempre) de ese círculo imaginario
que nos encierra y que nos quiere decir qué ser y cómo serlo. Que se cuestione,
o que intente cuestionarse, todo lo que la rodea. Que no se sienta juzgada por
ser como es. Cosa que nosotros como grupo nos cuestionamos mientras la creábamos.
Estábamos cargando a una persona imaginaria de todas esas características y
virtudes que a veces rechazamos de nosotros mismos o incluso de los demás. Y no
entiendo bien por qué hicimos eso. No entiendo por qué nos reímos de ella
mientras la imaginábamos, por qué fuimos tan básicos y superficiales. Pienso que
tal vez es un poco la manera de sobrevivir al mundo exterior. Reírnos y hacer
como si nada cuando quizás en nuestro interior se desata una tormenta de miedos
y cuestionamientos.
Le
contaría a Agustina lo que surgió al principio de la clase anterior, cuando hablábamos
sobre la palabra problema. De cómo el problema nos moviliza, nos hace
cuestionarnos. Y que no debemos generalizar la manera de entender las palabras.
Porque que algo sea problemático no quiere decir que sea malo o negativo. Y un
poco fue lo que pasó en la clase del viernes. Tal vez era necesario poner en
evidencia todo eso que pensamos de nosotros mismos dentro de Fadu para
cuestionarnos y pensar si somos así porque realmente lo sentimos y queremos o
porque hay detrás nuestro una maquinaria que funciona 24/7 para moldearnos a su
gusto. No lo veo como algo malo, pero me hace preguntarme si las cosas que me
gustan me gustan porque sí o porque alguien lo decidió por mí y yo, inconscientemente,
acaté. De hecho, cuando salí de la clase el viernes y tomé el 107 para volver a
mi casa, subieron dos chicas hablando de que habían ido a Fadu a hacer no sé
qué cosa (no voy por la vida escuchando conversaciones ajenas, ellas iban
hablando muy fuerte). Por lo que decían deduje que eran de Exactas. Las dos le
contaban a un tercero (compañero de ellas, supongo) que no podían entender cómo
en el patio central de Fadu había un bar. Contaban también cómo las sorprendió
la cantidad de carteles que hay por todos lados y terminaron hablando de cómo
vamos vestidos los que cursamos ahí. No desde la crítica mala sino desde la sorpresa,
de cómo ellas no podrían ir vestidas super arregladas porque se manchan toda la
ropa en los laboratorios, por ejemplo. Mientras las escuchaba me reía para
adentro y pensaba y analizaba todo lo que yo había vivido en la clase unas
horas antes. Y me sorprendió realmente estar escuchando eso. Que se de esa
conversación enfrente mío cuando yo me había estado cuestionando todo eso con
mis compañeros fue, tal vez suene naif de mi parte, casi mágico.
Es
interesante pensar cómo buscamos constantemente el reflejo en los otros, cuando
a veces ni siquiera es necesario, porque alcanza con ser uno mismo.
Creo que esta clase fue "el quiebre" donde empecé a cuestionarme y a mirar todo de otra forma.
Comentarios
Publicar un comentario