Clase 1: Yo
Creo que el yo es lo que define a la persona: cómo uno se percibe y especialmente como uno cree que los otros lo perciben. Es la suma de cualidades que la persona cree, lo diferencian del resto, pero que a la vez lo unen: una profesión, un gusto, un rasgo. Sin embargo, no se puede limitar al yo solo a eso, también se conforma por experiencias, creencias, visiones, historias y todo lo que la persona ha vivido, escuchado, pensado...
Es por esto que, aunque sintamos que nuestro yo es estático, este está cambiando todo el tiempo. Con cada cosa que se nos cruza, incluso con eso que vivimos diariamente, nuestro yo se modifica. Yo no es el mismo de ayer, ni el que será mañana, pero no podría ser sin estos. Es mutable, es la esencia de la persona una vez que paso por el filtro de su propia percepción.
Cuando miramos lo hacemos a través de nuestro yo. Esta construcción de ideas define lo que creemos que esta bien, lo que esta mal, lo que es bello, feo, justo… Aquello a lo que aspiramos ser, por ejemplo, podría marcar el valor de lo que consideramos correcto. Cuando vemos eso reflejado en otra persona determinamos, casi de forma inconsciente, que eso que tenemos enfrente esta construido alrededor de una cualidad positiva. Sin embargo, no sabemos qué sugiere esa cualidad para la otra persona, de dónde viene, cómo se construyó y especialmente si significa lo mismo que para nosotros.
Es importante marcar que esta no es una construcción asilada del mundo: se genera con lo que tomamos de nuestro medio ambiente, nuestras relaciones y los discursos a los que estamos expuestos. A su vez, todo lo que percibimos está filtrado por lo que somos. Es decir que el yo constituye un filtro para si mismo: él determina en qué queremos poner nuestro interés y cómo recibimos esta información. Pero esto no significa que el yo este en control total de lo que sucede, inconscientemente nos encontramos día a día con información que no elegimos ver pero que de todas formas procesamos a través de nuestros sesgos y conocimientos previos.
Una persona, una conversación, una obra de arte, un posteo de Instagram o incluso un grafiti pueden ser percibidos de formas diferentes de acuerdo al yo que tengan en frente. Por ejemplo, una película que hoy no nos divierte, en unos años, días o incluso unos minutos en que leemos una nota sobre el autor, puede convertirse en una experiencia interesante para este yo con un bagaje cultural diferente. (Hoy sigo creyendo que el yo es una construcción que se ve alterada consciente e inconscientemente por lo que nos rodea: personas, eventos, contextos, consumos, incluso situaciones casuales o forzadas)
Lo que resulta interesante de esta construcción es que no solo somos consientes de la misma, sino que también somos personajes activos en su funcionamiento (hoy creo que puede ser que no seamos consciente de esta construcción, o que nuestra conciencia de la misma sea parcial. Depende de cada uno nuestro entendimiento y poder sobre la misma. Para entender que es una construcción debemos antes habernos encontrado frente a algo -emergente- que nos haya hecho cuestionar qué somos, cómo somos, por qué y cuándo). Para esto, como se dijo antes, no solo es importante nuestro rol sino también el papel que juega la sociedad en la que estamos inmersos.
Lo que vemos, creemos, percibimos y construimos sobre los demás es igual de importante que lo que vemos en nosotros mismos. Mi yo va a construir indirectamente los yo que me rodean. Somos sujetos sociales que formamos parte de un entramado complejo y a la vez que tomamos información de nuestro ambiente, también estamos generándolo. Puede ser un diseño, una conversación, la forma en que me visto, la música que escucho, todo lo que hago empieza a determinarme no solo a mi sino también a los otros.
Si bien es imposible ver sin el filtro que ofrece mi yo, me parece interesante intentar pensar activamente en qué sesgo tiene mi mirada y qué es lo que estoy reflejando, o intentando reflejar; qué veo en el otro puede empezar a hablar más de mi persona que mi propio yo.
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