Clase 3: Modelos

 Para poder llevar a cabo el ejercicio de pensar en un individuo construido mayormente por modelos, comenzamos por discutir sobre nuestro paso como alumnos, y en algunos casos docentes, dentro de FADU. Empezamos a notar que ciertas experiencias se repetían y que otras eran más particulares a una carrera, cátedra o a la vivencia personal.

Aquello que nos atravesaba solía expresarse en un plano inmaterial: sentimientos de disconformidad respecto a ciertas prácticas, formas de relacionarse con docentes y compañeros, prácticas de diseño, formas de resolver problemas, etc.

Entonces, para poder darle un rostro a nuestro individuo modélico comenzamos a pensar en lugares comunes o clichés que nos permitieran crear una persona a quien pudiéramos dotar de estas características más intangibles. Para decir su nombre, su edad, sus gustos pensamos más en aquello que era común o nos parecía representativo. Nos encontramos rápidamente sintiendo que estas cualidades parecían de cierta forma negativas (aunque creíamos que no había nada de malo en usar ciertas cosas o vivir en ciertos lugares). Luego notamos que no éramos los únicos que habían caído en estas representaciones o que se sentían así respecto a ellas. 

Si bien profundizamos ampliamente sobre cómo sería Agustina, nuestra estudiante de FADU modélica, estos modelos se sentían como detalles superficiales. Incluso cuando intentamos darle mayor profundidad dotándola de modelos de pensamiento y rasgos con auto exigencia o miedo a los exámenes, parecían características vacías.

 

Algunos de los modelos que le otorgamos fueron:

-    Modelos de conducta: cómo vestiría (zapatillas blancas y polera negra eran dos piezas claves para ella), qué hobbies tendría (dibujaría y sacaría fotografías), donde serían sus vacaciones (tendría una casa en Punta del Este), qué deporte haría (practicaba hockey desde pequeña) y qué comería (sería vegetariana).

-    Modelos discursivos: tendría cierto vocabulario propio de FADU (frases y conceptos como “enchinchar”, “jerarquías”, “depende”, “no esta bien ni esta mal”, “vos que pensas”, “grilla”, “mirada cercana y mirada lejana” “contraforma” eran comunes para ella).  

-    Modelos de pensamiento: tendría un interés particular por movimientos sociales (se interesaría el feminismo y el especismo) y su visión sobre el diseño y los diseñadores estaría ampliamente marcada por su experiencia (el valor del diseño por encima del individuo, la auto exigencia, la competencia, etc.).

-    Modelos de diseño: utilizaría ciertas estrategias y metodologías (bocetado, trabajo en equipo, iteración, etc.)

 

Reflexionando sobre esta conjunción de modelos, creo que se ven superficiales debido a que son representaciones de un fragmento de la realidad y que para que estos tengan incidencia social, es imposible que representen completamente una experiencia personal. De esta forma me parece que están dotados de las suficientes características para representarlo, pero no para definirte. En nuestro grupo, siendo de carreras diferentes, contando con gustos, trayectorias, edades y búsquedas personales disímiles pudimos vernos reflejados en Agustina y a la vez nos sentimos alejados de ella.

En mi caso podía ver en agustina ciertas características que sentía lejanas: pertenecíamos a carreras diferentes (arquitectura y diseño gráfico), teníamos edades diferentes (22 y 28 años), éramos de lugares diferentes (zona norte y zona sur), estábamos en momentos diferentes de la carrera (en el medio y al final), teníamos turnos de cursada diferente, ocupábamos nuestro tiempo de forma diferente, ella no trabajaba y yo si, y así continuaba la lista de las disimilitudes. A partir de esto reconocía modelos que actuaban de forma diferente. Ella se vestía diferente, utilizaba otras expresiones con sus amigos, tenía otras creencias religiosas y contaba con diferentes metodologías de diseño. 

Sin embargo, Agustina tenía ciertos rasgos modélicos que reconocía también en mí.  Por un lado, entendíamos un mismo discurso: contábamos con dialectos propios del universo del diseño y más específicamente de FADU. Desde frases cliché como “Diez es para dios” hasta entender el concepto de “enchinchar”. También compartimos un modelo de pensamiento: similitudes en la metodología, trabajo en equipo y nuestra forma de ver el diseño se asimilaba en cuanto al valor que le dábamos en nuestras vidas.  

Reconocer estos rasgos me permitió empezar a ver que modelos estaba siguiendo que me parecían negativos. Por ejemplo, la comparación con otros diseñadores. Cuando ingresamos a la carrera ya se promueve, desde la forma en que se eligen cátedras y se arman grupos, hasta cómo se califica o se da una devolución. Creo que esto nos afecta negativamente ya que determina otros modelos sobre cómo nos relacionamos con nuestros compañeros, con las entregas, exámenes e incluso trabajos grupales. Siento que esto termina impactando en la vida profesional y personal (a que trabajo aplico según las capacidades que creo que tengo, con qué compañeros me relaciono, etc.) donde determinamos el valor de la persona según el valor que le damos a sus diseños. Esto es algo que empecé a notar especialmente en los últimos años de la carrera pero que se comienza a gestar desde el principio y se naturaliza en las interacciones. Me parece muy interesante poder ver que estos modelos están en la vida cotidiana en aspectos tan diversos y que los heredamos sin darnos cuenta. Sin embargo, esto no significa que no podamos cuestionarlos e incluso rechazarlos.

Cuando comencé con el CBC de FADU, venía de una carrera diferente (artes combinadas), sentía que estaba en otro mundo. Me encontré con modelos que no comprendía y a la vez llevaba modelos conmigo que no eran aceptados por mis compañeros. Mi primer choque fue en la con el espacio, el pabellón 3 me confundía, con el tiempo comprendí que había una organización implícita: cada piso parecía pertenecer en cierta forma a carreras diferentes, había espacios especiales, lugares dotados de ciertas cualidades (las escaleras de emergencia, los entrepisos), cada bar era diferente y uno no iba al bar del central a comprar el árabe tostado. Mi segundo choque fue con las herramientas, si bien me interesaba la producción gráfica nunca había usado una computadora para editar. Recuerdo claramente mi primer afiche, había usado Paint para exportar las imágenes, imprimirlas y recortarlas a mano, me había tomado horas. Mi docente me dijo que en FADU no enseñaban a usar herramientas sino a proyectar diseños, esa noche llegué a casa e instalé Photoshop.

Poco a poco empecé a incorporar estos modelos e incluso a reproducirlos, usando herramientas diversas, enseñando a otros a usarlas, comentando a mis compañeros dónde comprar, donde imprimir, por qué escalera subir. Incluso la dinámica grupal era diferente, me pareció atrapante la modalidad colaborativa de estudio, incluso en proyectos individuales, que se separaba de la forma en la que antes había estudiado: nos juntábamos en la casa de alguien a trabajar y no dormir porque nos parecía natural como alumnos de FADU. Por otro lado, ciertas prácticas y metodologías que yo traía de una carrera mayormente teórica les resultaban extrañas a mis compañeros, mi forma de anotar, de estudiar e incluso de participar en las clases era diferente.

Años después, cuando comencé a ser ayudante volví a pensar en esa persona y todo lo que había incorporado (y dejado atrás) y vi como reproducía ciertos modelos repitiéndolos a mis estudiantes (jerarquías, composiciones, pregnancia visual) e intentaba rechazar los modelos que yo sabía que no me habían ayudado, como pensar que no dormir era un signo de estar más comprometida.

Me parece que es muy interesante empezar a pensar que modelos estamos siguiendo y de dónde surgen esos modelos, porque nos permite analizar por qué los seguimos, si es una costumbre, si nos benefician o incluso si nos están perjudicando a nosotros o a otros.  Incluso, haciendo esta reflexión podríamos encontrar modelos que hemos ignorado anteriormente pero que hoy pueden servirnos para seguir recorriendo el camino académico, profesional e incluso personal.

Hoy me parece interesante re leer lo que escribía a cerca de mi evolución en FADU y mi pasaje por otras universidades: ingresé, pensando que sabía mucho, me di cuenta de que no sabía casi nada y hoy que me recibo creo que tengo aún menos certezas. Lo que si me llevo son herramientas, más que nada herramientas que me permiten cuestionar, indagar y descubrir.

Y estas herramientas no son para la técnica, el diseño o la búsqueda de soluciones, son para analizar lo que hago, someter mi marco valorativo a preguntas, intentar entender, no solo qué tengo delante sino cómo lo estoy viendo yo.

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