Clase 5: Autoevaluación


Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,

pide que tu camino sea largo,

rico en experiencias, en conocimiento

A Lestrigones y a Cíclopes,

o al airado Poseidón nunca temas,

no hallarás tales seres en tu ruta

si alto es tu pensamiento y limpia

la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.

A lestrigones ni a cíclopes,

ni al fiero Poseidón hallarás nunca,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no es tu alma quien ante ti los pone.

Ítaca Konstantinos Kavafis


 

Volver sobre mis pasos en este cuatrimestre me resultó un ejercicio interesante. Cuando comencé la cursada no terminaba de entender qué era heurística o que íbamos a hacer en las clases y cuando reviso mi primer escrito veo cierta rigidez en las palabras. Creo que a medida que pasó el tiempo comencé a sentirme más cómoda y me permití viajar hacia espacios que no conocía o no imaginaba. Me permití preguntarme cosas y no tener las respuestas, me permití ver el valor en lo diferente: no tener la misma experiencia les daba otro color a las conversaciones en grupo, surgían escenarios y pensamientos que nunca hubieran existido fuera de ese espacio. (Todavía no se si comprendo con exactitud todo pero disfruto haber encontrado un espacio donde poder revisar mis formas de pensar, cuestionarme, cuestionar mi ambiente y conectarme con personas que jamás hubiera conocido de otras formas)


Entonces, leyendo mis posteos, comencé a pensar en la pregunta con la que empezamos “¿Quién es yo?” y recordé como me aproximaba a responder “Creo que el yo es lo que define a la persona: como uno se percibe y especialmente como uno cree que los otros lo perciben.” Hoy me sigue pareciendo una respuesta interesante, pero ante todo me abre preguntas e incertidumbres. Me intriga verme a través de esos ojos de Camila del pasado y pensar cómo cambió mi propio yo con este viaje. 

En esencia me siento la misma persona, pero sé que cambió mi forma de percibirme, percibir mis ideas y percibir las ideas de los demás. Entonces, si me percibo diferente ¿pienso diferente?


Recuerdo el modelo de la triada que se nos presentó en una clase: decir hacer – pensar, que denotaba la conexión entre estas tres acciones del ser. Entonces entiendo que, sí pienso diferente, también hago y digo diferente. Y sin poder evitarlo, me pregunto ¿soy diferente? ¿Cambiaron mis modos de pensar? ¿Es posible desconectar el pensamiento del ser?... (estas preguntas siguieron rondando mi mente)


Cuando veo que en la bajada que se nos plantea pensar en el qué, el por qué y el para qué de cada clase, creo que este tipo de situaciones fueron las que más me nutrieron: la razón es preguntarse y cuestionarse. (hoy pienso que no solo es un hecho individual, es clave la instancia grupal y el poder dar y recibir información entre personas tan parecidas ya la vez disímiles) Revisar los modelos que nos forman, poder hablar de esto con otros, nutrirnos, hace que abramos nuestra mente a nuevos modos de pensar, que podamos cuestionar los modelos que nos rigen y las cosas que dábamos por hecho. 


Comenzamos el viaje pensando en quienes éramos, continuamos revisando quienes eran nuestros referentes (quienes nos habían ayudado a ser lo que éramos (y quienes nos permitian relacionarnos con el mundo que nos rodea)), luego los modelos que nos rodeaban y también nos moldeaban y por último nos volvimos a meter en nuestro ser desde una mirada más introspectiva. Creo que esto me permitió poder pelar las capas de mi pensamiento: desde lo más superficial (quien creo que soy en una primera instancia) hasta algo más profundo, el pensamiento desprovisto de los prejuicios iniciales (no se si es posible llegar a un pensamiento desprovisto de todo prejuicio pero comenzar reconociendolos es un camino interesante para seguir)


 Y cuando llegué a esta instancia, en la clase de resonancia, me di cuenta de que mi forma de pensar se unía fuertemente con las historias, con lo que imaginaba, lo que generaba. Vi cómo no siempre podía controlar lo que pensaba y esto me abría nuevas dudas.  ¿Soy yo la que vive o es la voz en mi cabeza? Si soy yo ¿Por qué no puedo dirigirla?


Re leer esto me dejó pensando en el escrito “Imaginación” de Horacio Wainhaus que dice: “En cierto sentido es la imaginación la que ha posibilitado nuestro mundo, sostiene Baudelaire, “entonces es justo convertirla en reina de lo verdadero” (…) Si ella ha ‘creado’ el mundo “es justo (…) que lo pueda gobernar”. Me sentí llamada por esta frase ya que me recordaba a las preguntas que me había dejado la clase de resonancia. Había visto en ese momento mi imaginación como un problema, me alejaba de lo que tenía que pensar (o lo que yo creía que tenía que pensar), me distraía. En ese momento hablar con mi grupo me dejó ver que no estaba mal tener una forma diferente de pensar, sin embargo no fue hasta leer este texto que empecé a pensar en mi imaginación con una parte clave de mis pensamientos.


Mi imaginación era la que hacía posible que yo pensara, y a la vez eran mis pensamientos quienes me constituían. Es la herramienta que utilizo para ordenar  y a su vez re ordenar (o des-ordenar) la información que recibo (“La imaginación nos permite reflejar el mundo ordinario fuera de su caos.”). Me permite interpretar modelos, repetirlos, formarme como persona y como diseñadora. El papel que tiene la imaginación en nuestra interpretación y ordenamiento del mundo es algo que hoy me sigue pareciendo interesante y me deja pensando en cómo percibo el contexto que me rodea.


Las preguntas con las que cierra Horacio Wainhaus este escrito (¿Cómo pensamos el paso de lo percibido a lo imaginado? ¿Cómo distinguimos imaginación de realidad? ¿Podemos pensar sin imaginar?) resonaron fuertemente con aquello que me inquietaba, si no puedo pensar sin imaginar ¿pensar e imaginar eran lo mismo para mí? 


Volví a pensar en mis referentes, en los modelos que me constituyen, en mis modos de pensar, en lo que incorporo día a día y lo que dejo atrás y si bien terminé con más preguntas que antes, ya no me inquieta tanto porque se que me abrirán a nuevos caminos para recorrer.

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