Clase 6 y 7 : Problema - Posición - MANIFIESTO
Manifiesto contra el tiempo faduense
En las aulas de la facultad, ciertas cátedras, tienen la falsa creencia de que cursamos solo esa materia o que disponemos de todo el tiempo del mundo para hacer las consignas que nos demandan, cuando las mismas llevan tiempo y dedicación, cosa que no nos sobra como seres humanos. Si hay algo que sigue pasando por más que nosotros no queramos, es el tiempo.
Tiempo como días, horas, minutos y segundos.
¿Cuánto tenemos que dedicar realmente de nuestra vida a la facultad?
De nuestro tiempo extra-facultativo.
En suma es relativo, porque cada quien tiene su proceso, por esto, hacemos foco en el tiempo que ciertas materias, de la facultad, creen debemos dedicarles. En base a consignas ridículas que mandan de una semana para la otra, como si viviésemos pura y exclusivamente para ellas cuando, la realidad, es que no, que la mayoría tenemos un trabajo y una vida que no gira en torno a su cátedra en particular.
Está más que claro que debemos disponer de cierto tiempo para dedicarle a la facultad, pero este puede ser equivalente a lo que dure la lectura y resumen de algún texto. Si bien, los tiempos creativos son otros, las palabras también se impregnan en nuestras cabezas y nos avasallan con conocimiento y nuevas ideas, así debería funcionar.
Venimos a la facultad a formarnos, elegimos una materia porque es lo que se nos demanda y una cátedra que se ajuste a nuestros horarios y, en lo posible, expectativas de aprendizaje en este nuevo año, con la premisa de ¿a dónde quiero llegar como diseñador?
Estas cátedras nos tienen que dar herramientas, un apoyo dentro de la misma institución a la que nos vemos sometidos por el hecho de querer seguir instruyendonos. Sin embargo vienen con sus estándares altos y orgullosos de ser ultra exigentes, con premisas del tipo “abandonaron todos los estudiantes de un grupo menos dos, se puede aprobar”.
¿Hasta dónde estamos dispuestos a someternos?
Dejar de lado nuestra vida social por semanas, incluso meses por estar cursando una materia filtro; soportar comentarios de profesores, con cero pedagogía, al borde de insultarnos y llorar volviendo a casa pensando en abandonar la materia; asistir enfermos a las clases para no perdernos; relegar horas de sueño o ni dormir con tal de llegar a la entrega.
¿Hasta dónde?
Elegí esta temática por sobre otras, en primer lugar porque viene dando vueltas por mi cabeza hace semanas, en segundo porque creo que es algo que te condiciona a la hora de elegir cátedras, de elegir un horario y una materia, capaz hasta te cambia el rumbo de tu carrera y vos ni notaste que fue una decisión tomada a conciencia, puesto que por la demanda constante de tiempo y energía que propone la cátedra misma, terminas optando por anotarte en una menos pesada, sin contar que esta otra se enorgullece del estatus que tiene, porque es un hecho. A principio de este año he escuchado en una materia afirmar: “si, han quedado grupos de dos personas que comenzaron siendo nueve, se puede”, a sabiendas de que son materias en las cuales, no solo son demandantes en cuanto a exigencia, no me estoy quejando de eso, a veces son esas cuestiones por las cuales uno aprende. Aprender a la mala es, otra manera de aprender, pero lo que digo es que uno no siempre dispone de todo el tiempo y mucho menos de las ganas de ponerse todos los días con una materia que al final te maltrata para ponerte un cuatro y que no puedas hacer nada más que agradecer porque aprobaste esa cursada infernal. Abordo el tiempo como el tiempo que ciertas cátedras creen que disponemos para ellas, como si no consideraran que es la UBA, que hacemos otras materias, otras cosas y en efecto que somos seres humanos, a veces, simplemente no queremos ponernos pero, en tanto eso dure un día o unas horas, eso se permite. El tiempo parece enemigo del estudiante universitario porque desde el vamos estamos en una “carrera”, que depende más de como uno se lo tome y que tan autoexigente y competitivo sea o se vuelva a medida de que pasen los años pero volvemos a que, es una cuestión de tiempo. De la duración que tenga cada uno, “duración” vista desde el punto de vista de la experiencia, de la perspectiva, de donde nos posicionamos como sujetos para ver cómo nos tomamos este tiempo existencial que conlleva ser un estudiante en la universidad pública, ante materias de este estilo.
Me parece que lo que planteo tiene sentido tanto en el ámbito facultativo como en el laboral, es posible, que la facultad nos esté preparando para que nosotros, como diseñadores, freelancers, entre otras maneras de exponernos al “mundo real”, estemos inmersos en este tipo de rutina/disciplina, que nuestro día a día sea un constante perfeccionamiento sobre el proyecto en el que estamos trabajando y nos cueste separarnos/distanciarnos del mismo, al mismo nivel del que estamos pegados a la rutina faduense, de estar haciendo cosas de manera constante porque los profesores nos ponen a pensar, a reflexionar, a cuestionarnos, a rever, a rediseñar. En definitiva un diseñador puede vivir tratando de perfeccionar una técnica, cual artistas que sí somos, pero lo que planteo es que tenemos que establecer un límite para que esto no nos termine por comer la poca vida que ya tenemos.
Me fueron surgiendo otros temas que, en lo que a mí respecta pueden ser considerados problemas, de entre ellos están: las valoraciones en las correcciones de cada cátedra; qué se considera arte hoy en día; el rol del diseñador en la postmodernidad; que en la facultad no te enseñan a diseñar pero igual “te formen como diseñador”; el fomento de la competencia porque “así es el mundo real”; el estereotipo de lo que es ser diseñador y lo que realmente es, el mundo del freelance.
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