Clase 7: Manifiesto
No soy un número.
Entramos a la universidad (sobre todo si es pública) con el chip instalado de que ahí adentro solo somos un número más. Un número ubicado en una lista con muchos más números, siendo calificados con números. Números que al final descubrimos no significan nada. ¡Haberlo sabido antes!
No soy un número en una lista esperando ser definido del 1 al 10. La subjetividad los atrapa, como si fuera un monstruo que absorbe súbditos a su paso. Los hace creer merecedores de ese poder de calificar, tan cruel a veces.
Me niego a que eso suceda. Me niego a ser definida como un número. Nadie lo es. Somos personas. Su subjetividad no debería tener la facultad de cambiar la percepción de lo que yo hago.
¿Quién dice qué está bien y qué está mal?
¿De quién es el dedo que separa, esto sí, esto no?
Poco se habla de los (a veces dudosos) métodos y procesos de evaluación.
Tu (quizás implícita) mirada, querido profesor, que sigue siendo jerárquica, aunque a veces nos guste negarlo.
Yo no soy ese número.
¿Cuáles son tus criterios?
Una calificación y lo que los demás consideren de ella, de un trabajo que hice en determinado momento de mi vida, no definen quién soy.
No somos un número.
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Elegí como problemática para el manifiesto dos cuestiones. La primera es esa idea con la que muchos ingresamos a la facultad. Esa idea errónea que es pensar que acá adentro somos un número más. Y decidí a su vez, hacer una analogía con el sistema de calificación numérico que se utiliza aún en la mayoría de las cátedras y carreras. No solo la calificación si no también la subjetividad de quien evalúa y cómo dicha evaluación afecta la propia percepción de lo que hacemos. Tal vez es difícil reconocer esto cuando uno recién ingresa a este mundo, pero ahora, que estamos más del lado de los que terminan que de los que empiezan, esta realidad se hace más evidente. Definitivamente no somos un número más dentro de la facultad. Somos personas, que sienten, que tienen vida, problemas, otras cosas para hacer. La mayoría de las veces no se nos explican los métodos de evaluación y otras tantas pareciera que queda a merced de a quién le toca justo en ese momento evaluar tu trabajo. Creo que esto afecta lo suficiente nuestra percepción de la producción propia como para parar un momento y preguntarse qué onda. ¿Soy realmente ese número que alguien, en un determinado momento, eligió ponerme? No cuestiono los saberes de los profesores. Cuestiono las formas. Me resulta arcaico, me incomoda sobremanera.
Me incomoda también algo que a lo largo del año se ha ido repitiendo, en las distintas materias que cursé, y es el discurso de que ya deberíamos considerarnos colegas de nuestros profesores. Y, aunque creo que en ciertos aspectos esto puede llegar a ser cierto, creo también que no debería perderse la instancia o relación alumno/profesor. Todavía estamos aprendiendo. Todavía estoy aprendiendo. Siento que esa imposición me limita, limita mi momento de creación, de proceso y de duda. Me sorprende estar cuestionandome estas cosas, me hubiera gustado darme cuenta antes de todo eso que repetimos y que no está bueno.
Todavía hay tiempo.
Creo que en mi manifiesto no pude terminar de cerrar la idea que tenía en mi mente. Tal vez la forma en la que planteé la problemática quedó muy abierta, como que no fue muy puntual. Sin embargo me gusta la instancia a la que llegué. Me gusta haber podido desprenderme de ese "número" que creía que era.
N (Nivel)
ResponderBorrarEn esta instancia creo que el manifiesto quedó un poco "flojo". Creo que el abordaje de la problemática se queda en un nivel conceptual y tal vez un poco descriptivo también. Faltó un abordaje no solo desde lo reflexivo sino también desde los ejemplos y resonantes de teóricas. Sí me parece interesante la conclusión a la que pude llegar. La problematización no solo del método de calificarnos que se utiliza en la facultad si no también la analogía planteada entre esa calificación y cómo nos vemos a nosotros mismos en ese lugar.